El "Open Banking", un sistema que promete revolucionar el vida de clientes y simplificar la burgacia de las instituciones bancarias, la primera fase de implementación se inició en febrero de este año.

El servicio permitirá a las instituciones conectarse directamente a las plataformas de las demás y acceder a los datos autorizados por los clientes.

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Con este concepto, el sistema bancario, que suele estar concentrado y cerrado, puede abrirse para que los clientes puedan pasar de un banco a otro con mayor facilidad. La persona puede llevar todo el historial crediticio a una nueva cuenta y, por lo tanto, puede, por ejemplo, calificar para financiamiento en otro banco, más fácilmente.

El sistema ya es una realidad en varios países. Algunos tienen modelos que no son tan eficientes, mientras que otros se han convertido en un referente en la temática, como es el caso de la Reino Unido.
Aquí en Brasil, muchos expertos señalan que estamos en el camino correcto en relación a la estructuración de la banca abierta, pero también advierten de posibles consecuencias que no son tan positivas.

Todo este intercambio de información entre instituciones bancarias requiere un sistema de integración seguro y monitoreado constantemente.

La “Banca Abierta” es el resultado de años de cambios en el sector: nuevo comportamiento del consumidor, avance de las fintechs, baja competitividad y alta concentración en el sector financiero.

La implementación del sistema aún tiene tres fases más. El 15 de julio, los clientes podrán compartir información de transacciones de crédito, tarjetas y cuentas bancarias, así como datos personales.

A partir del 30 de agosto será posible solicitar autorización de pago y presentar propuestas para operaciones de crédito. La última fase, programada para el 15 de diciembre, libera divisas, inversiones y seguro.

Informe: Tissiane Vincentin y Elias Silva

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